lunes 8 de agosto de 2011

Adiós muchacho

Se sentó serena mirando la orilla del mar. Recapacitó sobre lo que acababa de hacer, y no se arrepentía. Le seguía queriendo, eso lo sabía el cielo, pero no aguantaba más, se sentía ignorada y malquerida y había llegado a un punto de su vida en el que necesitaba estabilidad y sobretodo la buscaba en él, y no se la daba. De alguna forma u otra él siempre le hacía dudar, de lo que fuese; o bien por su actitud o bien por sus comentarios. Y harta de la inseguridad que él le producía decidió abandonarlo, y pensó que no le importaría mucho, ya que el interés que había demostrado por ella era muy esporádico y cuadriculado...
Sabía que lo quería, pero no sabía si lo quería porque realmente estaba enamorada o porque necesitaba a alguien a quien querer. Así que recapacitando sobre lo que acababa de hacer, y sobre la relación en general, supo que había hecho lo correcto.
Le compró un atrapasueños y le dejó una nota. Y cuando la escribió pensó que a lo mejor algún día podría volver, pero cuando cerró la puerta supo que se marchó para no volver jamás

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