Me gustan esas mañanas en las que los niños aun no se han despertado.
Mi taza, verde, rebosando café con leche, exactamente como a mí me gusta.
Acaba de amanecer y los tímidos rayos de un sol recién nacido bañan los ojos de mi compañero, aclarándolos. Me sonríe.
Yo bajo la mirada conteniendo una sonrisa, como una adolescente. Después de tantos años me maravilla la intensidad con la que lo quiero, cada día un poquito más.
Traviesa y divertida le guiño un ojo y él aprovecha para robarme un beso, casi tímido.
Los Dire Straits suenan suaves, todavía no queremos despertar a las fieras. Por fin puedo apreciar los domingos, su paz, su tranquilidad, aunque solo sea justo después de amanecer.
En cuanto los rayos de sol dejan de ser fríos y empiezan a calentar el hogar nuestras pequeñas criaturas se van desperezando. Y el caos y la algarabía destronan a la paz reinante a penas unos segundos atrás.
Pero no me importa, no nos importa. Así sabe la felicidad los domingos por la mañana.
1 Expresiones libres:
Vaya, esto es muy deseable:))
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